Londres Brighton en Bicicleta Fixed – Viajar en bicicleta por Europa

Antes de empezar te hago una pregunta ¿te has planteado alguna vez viajar en bicicleta? Estoy casi 100% segura de que si me sigues te encanta viajar. Y también estoy muy segura que te gustaría tener un poco más de dinero para permitirte viajar más a menudo. Transporte, comida, alojamiento, eventos… Cada vez que viajamos nos dejamos un buen dinero en el destino al que vamos y aunque parezca mentira a nosotros viajar a Brighton desde Londres ¡nos salía bastante caro si era en tren! Por lo que viajar en bicicleta fue una opción que empecé a plantear.

Hay un autobús que conecta las dos ciudades por un precio bastante reducido, pero queríamos tener las bicicletas para pasear a orillas del mar como hacíamos en nuestra Málaga. Personalmente dudaba mucho del viaje. Más de 100 kilómetros a recorrer para llegar hasta la costa y un una montaña bastante importante que atravesar… más no viajar en bicicleta antes, me daba mucho que pensar.

Datos importante a tener en cuenta:

  1. Google indicó 100 kilómetros, dimos unas cuantas vueltas perdidos en su mapa porque hicimos 130km.
  2. Según Google son 6 horas de pedalear. Menos mal que investigué antes de salir porque son 6 horas a ritmo profesional. He leído que de normal toman entre 8 y 11 horas en hacerlo los ciclistas medio.
  3. Google no tiene en cuenta las paradas y es necesario parar a menudo. Nosotros tardamos 10 horas en llegar parando a hacer fotos, ver animales, a disfrutar de las vistas en la colina, comprando comida y comiendo tranquilamente.
  4. Llevad snacks que no pesen y no manchen. Nosotros somos de barritas Nakd y plátanos cuando vamos en bici, pero los plátanos acaban un poco chuchurridos. Cada hora es recomendable comer algo cuando se hace tanto ejercicio.
  5. No os agobiéis por cuantas horas se tardan. Salid temprano y sin pausa pero sin prisa. Cada uno a su ritmo. Viajar en bicicleta es una experiencia maravillosa si sabes disfrutarla.
  6. La última montaña antes de llegar a Brighton se llama La Colina del Diablo. No te agobies por si no puedes hacerla, te bajas y andas. Yo tuve un momento de crisis y agobio por los coches y viendo que no podía pero el primer tramo lo hice lentamente y el segundo lo subí tirando de la bici.

Pero una cosa es importante: quién no arriesga no gana, ¡y yo decidí arriesgar!

No os voy a engañar, la ruta no es fácil, pero tampoco es súper difícil. No soy ciclista profesional, Londres ha hecho que la bicicleta sea mi medio de transporte principal y el favorito. La bicicleta no la cojo a diario pero cuando podemos nos recorremos la ciudad en ella. Tampoco acostumbro a llevar mucho peso en ella y el tener que llevar ropa bebida y comida siempre juega en mi contra ya que supone peso extra.

Los primeros kilómetros no fueron difíciles. Estábamos frescos y había que buscar salir de Londres por el Sur. El recorrido era por ciudad, lo que acostumbramos en nuestro día a día. Hasta Croydon fue por carretera y algún que otro carril bici pero después empezaron las zonas verdes. El camino transcurría en paralelo a una carretera bastante transitada hasta que de camino a Gatwick nos desviamos por el campo. Hay muchísimas rutas para llegar a Brighton pero nosotros decidimos esquivar carreteras. Parece una buena decisión pero en ocasiones nos desvió muchísimo y nos retrasó al no llevar bicis apropiadas para el campo. Eso sí, me he dado cuenta de lo todoterreno que son estás bicis sin cambios, carretera, ciudad, campo, césped y no pinchamos afortunadamente.

Justo antes de salir de lo que se considera «Greater London» nos adentramos en las colinas Coulsdon para disfrutar un poco de los primeros rayos de sol y de sus vistas. Para seguir tuvimos un rato de carretera, una carretera cuesta abajo con una vegetación frondosa y preciosa que inundaba la carretera. Avanzando llegamos al área de Surrey, atravesando las praderas de Redhill y disfrutando de lo que para mí fue el mejor y más tranquilo tramo. Durante esta etapa fuimos por campo, caminos de tierra que estaban muy bien acondicionados para la bici y que disfrutamos como unos enanos.

Para terminar la primera mitad decidimos atravesar el aeropuerto de Gatwick por sus carriles bici y parar en un parque cerca de Crawley donde había mesas y bancos donde poder comer tranquilamente nuestro bocata de Hummus y «Jamón» (Vegano) y dar salida a la segunda mitad, para mi la más dura. A partir de Crawley se acumula el cansancio de los primeros 60 kilómetros y empiezan tramos con colinas y montañas una detrás de otra. Las fuerzas a veces flaquean y es necesario parar más a menudo. Al habernos retrasado un poco en los tramos anteriores decidimos coger un rato de carretera, que nos permitió avanzar rápidamente y fue bastante seguro. Los coches respetan mucho a los ciclistas en este país y pudimos disfrutar hasta que llegó una cuesta horrible que nos hizo desviarnos por un camino de granjas.

Nos quedaba poco, pero yo sabía que quedaba lo peor: Devil’s Dyke. Paramos en una pequeña caseta para esperar autobuses justo antes de entrar en las montañas que hay que atravesar para llegar a Brighton. Necesitaba reponer fuerzas, comimos las barritas y la fruta que nos quedaba en la mochila y comenzamos la cuesta arriba. A los 5 minutos no podía más, mis piernas flaqueaban y los coches que esperaban detrás mía me ponían nerviosa. Necesitaba parar y me metí en los arbusto del «arcén». Leo pasó y me dijo «Nadie dijo que fuera fácil»; era cierto, nadie lo dijo, y yo decidí llegar a Brighton.

Esperé que no pasasen coches, cargué la mochila a la espalda para que la bicicleta fuera más ligera y me reincorporé a la carretera. No fui capaz de coger velocidad; mi bicicleta no lleva marchas y mi cuerpo no tiraba más de mi bici, pero si los coches tenía que esperar a adelantarme no era mi preocupación. Llegué a la primera cima y nos desviamos a la segunda colina: la del diablo. Pasan muchos menos coches por allí y yo llena de felicidad de haber superado el primer tramo me bajé y subí andando la ladera. ¡Y bien orgullosa! Estaba en lo más alto y solo me quedaba bajar a la ciudad.

Mi mayor recompensa: el mar. Llegamos y no cabía en mí de felicidad. Lo habíamos conseguido y supuso el inicio de una nueva afección: Viajar en bicicleta. No podía esperar a planear nuevas rutas y destinos. Y unas semanas después volvimos a la andadas.

¡En este vídeo hablo un poco más sobre mi experiencia en el viaje!

Remember:

COLLECT MOMENTS, NOT THINGS.

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